Carolina De Robertis

Post 1030 of 2456

Por: Juan Andrés Ferreira

¿Cuándo te fuiste de Uruguay?
Estaba en la panza de mi madre cuando mis padres se fueron a Inglaterra. A los cinco años nos fuimos a vivir a Suiza. Cinco años después nos mudamos a California. Crecí ahí y aún vivo en California, en Oackland, muy cerca de San Francisco.

Escribís en inglés y sos traductora, ¿cómo viste la traducción de tu novela, La montaña invisible, al español?
Soy traductora de literatura latinoamericana, que es algo que me apasiona. Traduzco del español al inglés. En Estados Unidos sólo el 3% de los libros publicados anualmente son traducciones de otros idiomas, es de un aislamiento cultural espantoso. Mi inglés es más sofisticado que mi español, no podría traducir mi novela al español pero sí era capaz de leerla. Leí la traducción, que fue hecha en España, en especial prestando atención a los uruguayismos, que aparecen mucho en este libro. Como no me crié acá, trabajé con un amigo uruguayo que ahora vive en Estados Unidos y que me ayudó mucho.

¿Cómo fue el proceso de escritura?
Como se trata de una novela muy ambiciosa, con muchos personajes, que transcurre a lo largo de 90 años, hubo momentos en los que perdí la fe. Siempre volví al tema porque tenía muchas ganas de conectarme con la cultura uruguaya, con mi parte uruguaya, entonces me convertí en estudiante de historia del Uruguay; fue como hacer un doctorado sin universidad y sin créditos académicos. Y eso me llevó ocho años. Aunque no se hubiera publicado el libro, para mí ya era un éxito por lo que me dio el proceso de haber estudiado la historia uruguaya.

¿Te imaginás tu vida acá?
Me gustaría, pero la respuesta es no. Y la respuesta es no porque estoy casada con una mujer y tenemos un hijo. En estos momentos estoy criando a mi hijo con libertad y dignidad, con derechos civiles que disfruto, aprecio y creo que merezco. Es algo que no lo podría encontrar en Uruguay. Si existiera suficientemente libertad y respeto cultural por la gente gay en Uruguay, la cuestión sería diferente.

¿Cómo fue tu casamiento?
En realidad fueron tres. Me casé tres veces, las tres con Pamela. La primera vez fue en 2002. Fue un acto de “desobediencia civil”; no era nada legal pero sí era nuestra boda real, invitamos a amigos, las dos estábamos de vestido blanco, de novia. Fue una ceremonia muy bonita. En 2004, el alcalde de San Francisco permitió el matrimonio gay. Justo estábamos volviendo de Uruguay, y fuimos corriendo y nos casamos. Pero ocurrió que dos meses después la Corte Suprema anuló esos matrimonios por considerarlos ilegales. Después, en 2008, muchas parejas que se habían casado de ese modo protestaron ante la Corte Suprema, que finalmente cedió y abrió la puerta para que esos matrimonios puedan legalizarse. Entonces nos casamos otra vez. Nos reímos de eso, porque nos casamos tres veces sin ningún divorcio de por medio.

Menu