“Fue un comienzo prometedor” comentó la prensa especializada una vez que Felipe Oliveira Baptista debutó como director creativo y presentó la colección primavera/verano 2012 de Lacoste en la Semana de la Moda de Nueva York. Algunos podrán decir que el comentario es algo sobrio, demasiado concreto, o carente de emoción. Pero de lo que no hay dudas es de que se trata de una aprobación, una venia que abre las puertas y allana el terreno para construir futuro; continúe, queremos más. Y convengamos que en el mundo de hoy, agonizante y superpoblado de talentos, la promesa de futuro, es una idea casi fantástica. En otras palabras, la presentación en sociedad del trabajo de Baptista fue un éxito.
Felipe Oliveira Baptista nació en 1975 en Azores, un archipiélago portugués situado a 1.500 kilómetros de Lisboa en medio del Océano Atlántico, ponderado por National Geographic como uno de los cinco destinos isleños del planeta que hay que visitar. Se graduó en la Universidad de Kingston en Londres, donde estudió diseño y diseño de moda, y trabajó para marcas como la italiana Max Mara, Christophe Lemaire y Cerruti. Vivió entre París e Italia durante unos 10 años y en 2003 fundó su propia marca, en la que trabaja hasta hoy, además de dirigir la creatividad de Lacoste. Cuando Christophe Lemaire –quien además de ser el actual director creativo de Hermés, fue jefe de Baptista cuando éste trabajó para su marca–, dejó la dirección de Lacoste, Baptista fue convocado para sucederlo y debutó oficialmente en la Mercedes Benz Fashion Week en Nueva York el 11 de setiembre de 2011.
Debe de haber pocas cosas más irresistibles que un europeo hablando inglés. Produce el efecto de una discreto cóctel, pero explosivo al fin, de cultura y consumo. Baptista ostenta un acento europeo –ni siquiera portugués o francés– y con su estilo sobrio, limpio y monocromático, se lo puede escuchar en entrevistas declarando ideas y percepciones sobre la marca para la cual trabaja hoy: “Soy un fan de Lacoste desde que soy un niño, tuve mi primera polo cuando tenía 5 años y la usé casi toda mi vida, está llena de agujeros… Cuando uno va por Lacoste, va por libertad, energía, y por lo chic. Me identifico con la tradición de la marca tan vinculada a los deportes, y con cierta simpleza; estas son cosas que personalmente suelen interesarme. Me gustan los colores, y creo que Lacoste tiene una dimensión democrática, es usado por personas de diferentes tipos, culturas y edades, y continúa conservando el chic. Fue inventada hace unos 80 años, y todavía está ahí, y es actual. Es una pieza que no tiene tiempo”.
Las ideas de Baptista acerca de la universalidad de Lacoste son tan ciertas que han alcanzado niveles que la marca consideró peligrosos para su imagen. Un tiempo antes de la primera colección de Baptista, Lacoste solicitó a las autoridades noruegas que impidieran al asesino de Oslo, Anders Behring Breivik –acusado de matar a 77 personas en un atentado en julio de 2011– usar prendas de su marca. Breivik, había sido retratado saliendo de un juzgado de Oslo vistiendo un buzo Lacoste rojo, además de haber explicado en una oportunidad que sus ropas lo caracterizaban “como un europeo bien educado de tendencia conservadora”. Por otra parte, en enero de 2012, circuló en la noticias de que la marca había ofrecido dinero al grupo de cumbia los Wachiturros para que dejaran de usar sus remeras. Finalmente el rumor fue desmentido por Rudy Gotlib, el CEO de la companía del cocodirilo, quien afirmó: “Jamás pagaríamos a alguien para que no use nuestra marca, no podemos impedir eso… y para terminar con la polémica les podemos regalar una remera”.
Como sea, Baptista busca reposicionar a la marca, vincularla más con estilos y personalidades como la de Charlotte Gainsbourg o hasta Charlotte Rampling. Su primera colección la pensó bajo el lema “reconstrucción”. Y dio en el blanco con el concepto, o al menos, bastante cerca. Por un lado, rescata el espíritu elegante francés, un tanto vinculado con el ocio, que tan bien conoció René Lacoste en el sur de Francia en la década de 1920. Y lo reformula, lo mezcla, o lo adapta. “Si su antecesor Christophe Lemaire destacaba el espíritu deportivo, el nuevo chico ha traído el sexo a la marca”, comenta la prensa especializada. Su propuesta es más urbana y sexy; existen ponchos y vestidos de colores naranjas, amarillos, verde esmeralda y oliva. El cocodrilo característico no rompe ya los ojos; a veces hasta puede no ser visible, y los clásicos vestidos de tenis ahora son de seda. Las líneas son rectas y todo es sobrevolado por un aire masculino. De la mano de Baptsita, Lacoste dio un paso del casual a la elegancia elemental. Esa que está dada por una hilera de botones en la espalda. Prometido y cumplido.