Grimes y su laboratorio mágico

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Grimes

Ella es así. Pequeña, delgada, de piel élfica, pobladas cejas oscuras, pelo cortado a machetazos –y a veces tenido de colores chicle globo o atravesado por un rayo de neón–; digamos que en algunas fotos aparece con un look que la emparenta más con una estrella de k-pop que con la revelación electro pop que vino de Canadá. Su alias es Grimes. Su nombre, Claire Boucher. Nació el 17 de marzo de 1988 en Vancouver, creció en Montreal, donde estudió neurociencias, y ahora recorre festivales internacionales con su ambulante laboratorio musical.

Acaba de editar Visions, un extravagante y aparentemente caótico collage electro pop lleno de matices y sonidos anacrónicos. Es su cuarto disco, luego de Geidi Primes, Halfaxa y el EP Darkbloom, en colaboración con un artista conocido como d’Eon. Los principios activos de Visions son synth pop, R&B, dream pop, combinados con música industrial, oscuridad, calidez, y elementos ambient. En este compuesto también pueden notarse las trazas de Goldfrapp, de Brian Eno, de M83, de Cocteau Twins, de Kavinsky.

Al igual que ocurre con otros frutos de la vida posmoderna (como los sudafricanos Die Antwoord, aunque sin su grado de violencia), aproximarse a Grimes produce un efecto extrano. Haciendo a un lado el hecho de que hay quienes la descartarán por su aniñada voz y su predilección por los ruiditos geek, hay que decir que la chica desconcierta. Tiene una potencia y una desfachatez poco habitual. Visions fue concebido en tres meses, como parte de un impulso para salir de una depresión.

Llegó a trabajar en ese disco hasta 16 horas por día. Dice que no sabe nada de música, que simplemente se deja llevar por la intuición y por las cosas que le gustan. Por el momento abandonó sus estudios en neurociencias, dedicándose ahora a ir de un lado a otro del mundo, con la música a todas partes. Hay que verla cuando asiste como invitada a los estudios de radio KEXP, en Seattle, para presentar su trabajo: ella solita, con ropa de nene, se acomoda en el estudio con todos sus aparatitos sobre la moquet y allí mismo monta su laboratorio mágico. “Me acerco a la música –y esto parece una locura– como si fuera Phil Spector reuniendo a artistas pop y obligándolos a hacer cosas locas, con el detalle de que todas esas personas son yo”, dice. “Tengo una relación muy rara conmigo misma. Realmente odio estar en un toque, delante de la gente. Pero también estoy obsesionada con convertirme en una estrella pop”.

Los títulos de algunas de sus canciones parecen dibujitos arrancados de la cuadernola de una adolescente: ≈Ω≈Ω≈Ω≈Ω≈Ω≈Ω≈Ω≈Ω≈, ΔΔΔΔRasikΔΔΔΔ, † River †, cosas así. Con su estilo multitarea, Grimes se mete en el arte de tapa de sus discos (que ella misma produce) y también dirige algunos de sus videos. El clip de Vanessa, una de las canciones de su anterior álbum, lleva su firma, y parece la obra de una púber en pleno despertar kitsch. Espantoso o bellísimo, depende del espectador; y del tiempo, que siempre se encarga de poner las cosas en su lugar. El clip de uno de sus hits, Oblivion, exuda una frescura gratificante y contagiosa. Gran parte de la crítica cayó rendida ante Visions.

En Metacritic, el sitio que recopila las reseñas de los medios especializados, el álbum tiene un promedio de 80 puntos sobre 100. PopMatters lo definió como “una explosión absoluta”, un disco “fácil de admirar” y “fácil de amar”. Según The New York Times, Visions es “uno de los discos más impresionantes del año”. En la otra acera, Rolling Stone lo masacró, calificándolo de insustancial, mientras The Phoenix lo define como innecesario y “dolorosamente amorfo”.

La necesidad de colocarla en alguna parte ha llevado a que en varios medios califiquen a su música como “femenina”. Pero ella, con su cerebro poblado por varios personajes, no se considera “muy femenina”. De una entrevista con Pitchfork: “Me crié con cuatro hermanos, y en una parte de mi cabeza me siento muy masculina. Siempre es divertido cuando escucho las grabaciones de mi voz, porque suena tan profunda en mi cabeza. Y en cualquier situacioÅLn, con un grupo de mujeres, siempre asumo un papel muy masculino”. Sus principales referencias, a la hora de componer y grabar, son masculinas: Aphex Twin, el colectivo de hip hop Dungeon Family y OutKast. Aunque, aclara, también le encanta Mariah Carey. “Su voz incríble, no hay nada igual, ni siquiera parece una voz humana. Hace poco escuché Fantasy por primera vez y fue como una revelación”. Y agrega: “Sí, sé que esto que digo me hace parecer muy ignorante, pero es así”. Ella es así.

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