Hay quienes lo descubrieron como el “Capitán”de Pura Química; otros como el tipo gracioso que seducía y fastidiaba a Mariana Fabbiani enRSM, y la gran mayorúa lo conoció como el Tuca, esa cruza de vago, millonario heredado, fumón yeterno adolescente que cautivó con su freakeada afectación en la serie argentina Graduados. Lo cierto es que Mex Urtizberea se viene construyendo a sí mismo ladrillo por ladrillo en todos los terrenos –música, radio, cine, conducción, actuación, libros– desde hace 20 años. El otro día, justo, sacó la cuenta: charlando con Alfredo Casero (ese monstruo insuperable de la comicidad) hicieron números y se dieron cuenta de que habían arrancado en la televisión en el ’92. Veinte años en los que, a la vez que ellos se dedicaron afanosamente a construir un lenguaje, la televisión se fue modificando para poder comprenderlo. En medio, un proceso por el cual un personaje como él pasa de la anarquía televisiva a la masividad, del programa de culto al ciclo más visto. De los pasillos subterráneos a las tapas de las revistas.
“Puede ser, sí. Mi humor es un lenguaje, es la construcción de un lenguaje durante décadas, ya. Ese lenguaje tiene que ver con el antihéroe, con el absurdo, con la burla sobre sí, nunca sobre el otro”, admite. Ese idioma que Mex maneja y que atraviesa simultáneamente lo absurdo, sí, pero también lo ingenuo y lo sutil (y nunca pero nunca lo burdo, lo grosero), hace dos décadas simplemente no existía; y en la transformación que permitió que la televisión –en sus ficciones pero también en sus publicidades– se pudiera reír de la incoherencia, él tuvo mucho que ver. No estuvo solo, es cierto, pero estuvo siempre muy presente. Dando el pie ingenioso para el conductor del magazine de la mañana o haciendo la segunda en programas filosos de media noche (inolvidable dupla con Adolfo Castelo), introdujo de a poco a cierto “gran público” en un universo absurdo y demostró que el chiste podía no tener remate y que la impostura era la mejor amiga del hombre televisivo.
Lo de Mex no es canchero, no quiere serlo y, en un mundo de cancheros donde lo que vale es reírse del que se cae en la calle, esa renuncia es un gran valor. Mex se siente más sabio o más viejo, no sabe. Se alejó tambieÅLn de la ironía, dice, “estoy cansado del humor ácido, de lo irónico, no me gusta, no me divierte aquello que puede ser hiriente”. Prefiere la complicidad en la que encuentra un terreno firme desde donde proponer el juego. Todos los juegos: con los amigos, con los compañeros de trabajo, con los actores, con el público. La complicidad en el trabajo siempre es crucial, asegura. La complicidad en la vida, bah. La complicidad siempre, concluye.
Es sábado de mañana y Mex habla desde la tranquilidad de casi su único momento libre en la semana. En la mesa hay restos del desayuno; olor a café en la cocina; el fuego está prendido en la chimenea y, en el parque, el sol hace espejito en el agua de la pileta.
Te llevo para que me lleves
“Siempre estoy deseando volver acá. Desde que salgo pienso en volver. Invito a amigos, cocino, me gusta compartir la casa. Mike Amigorena, la otra noche, festejó acá sus 40; fiesta infernal, mucha gente. Me da tanta alegría compartir”. Acá es su casa, una ex fábrica de zapatos reciclada y convertida en el búnker de un gran anfitrión: cocina abierta, mesa aún más amable, chimenea encendida, música, sillones, gran jardín, pileta. “Me gusta ser anfitrión. En estos días en los que grabo desde las 7 am hasta la hora de ir a ESPN a hacer el vivo y vuelvo a la noche, de lunes a viernes, lo mejor que me puede pasar es volver a casa y cocinar algo para mí o para amigos”. Salvo por una faringitis que le duró menos de una semana y por el fastidio que le provoca ponerse y sacarse la barba todos los días, está llevando bastante bien esta vida de agenda apretada y jornadas de 14 horas laborales, que incluyeron un loco trip a Bariloche en plan viaje de egresados. “Me lo tomo muy relajado, básicamente porque me divierto y eso es fundamental”. Su participación en Graduados, la tira diaria que cuenta el presente de un grupo de ex-compañeros de la secundaria 20 anos despueÅLs, le dio vuelta la agenda, y la vida.
El llamado fue una sorpresa porque, además, Mex no es estrictamente actor: “No, para nada, había hecho Los Pells y dos pelis con Alejandro Agresti; lo conocía mucho a Sebastián [Ortega, director y productor de la tira] que primero había contratado a Violeta; después me llamaron a mí. Nunca pensé en hacer una tira en la tele y de pronto ya hice dos, es insólito”. Violeta es su adorada y talentosa hija, que ya con horas de vuelo en teatro y televisión consolidó carrera propia y se sacudió de encima el título de “hija de”. Violeta empezó a brillar en la actuación de nina, en esa maravilla catódica que fue Magazine For Fai y de la que luego Mex disfrutará hablar sin nostalgia, pero con orgullo, con la seguridad de quien sabe que inventó algo bueno –muy bueno–.
Pero ahora volvemos al presente y a la tira que quiebra el rating proponiendo una ficción donde la nostalgia es marca de época. “Una de las cosas que más me gustan de Graduados es que tiene un equipo tan bien armado que yo me estoy dejando llevar. No tengo que estar produciendo, estoy más intérprete, más payaso, si querés. Antes era más de contener las estructuras y llevar el carro. Ahora me gusta que me lleven”, dice y se sirve gaseosa y convida.
Mex fue largándose a la actuación casi desde un detrás de escena que le dio su rol de músico intérprete en la troupe del primer Cha cha chá, aquel programa de culto que marcó un humor bisagra y habilitó la existencia posterior de productos varios, Peter Capusotto, entre otros. “Fui aprendiendo siempre muy tímidamente atrás de otros. En distintos programas empecé a tirar cuestiones de actuación, pero siempre desde atrás. Era un personaje, pero el chiste estaba en otro lado o yo ejercía de nexo humorístico entre lo que pasaba en el marco de la conducción. Ahora el chiste lo hago yo, el chiste soy yo”, diferencia. Este momento que lo encuentra, como él dice “dejándose llevar” no lo aleja del todo de una esencia muy Urtizberea que le pide meterse, intervenir, armar las cuatro patas para que la mesa se sostenga firme. “Fusionar, esa es la palabra. A mí me gusta fusionar. Que las cosas tengan biología como grupo, que cada uno tenga un rol, que no haya nadie como caído, afuera, que todos los elementos y las personas estén integrados”.
¿Y eso cómo se dio en Graduados?
Estos tres amigos funcionan de una manera muy fusionada. Lo armamos entre los tres. Los personajes de Daniel Hendler, Julieta Ortega y el mío (Tuca) tenemos confianza plena, podemos estar en bolas, o lo que sea, no importa nada. Son tres nerds totales. Pretenden defender la idea de la logia esta que crearon entre los tres, y cumplir con sus mandamientos, pero empiezan a enfrentarse con la realidad que es bien distinta a lo que ellos imaginan. Todo eso te pone frente a situaciones creativas que son bien interesantes.
¿Los conocías de antes?
Un poco, sí. De cruzármelos. Violeta trabajó bastante en teatro con la mujer de Hendler, Ana Katz, y yo algo lo conocía, habían estado alguna vez en casa. Pero él es muy reservado, tímido; ahora pegamos mucha onda. Y con la Julieta también, mucha onda. El otro día hicimos una escena genial en la que ella canta y yo toco el cuatro. Algo bien hippie, cantando todos. Es que yo los hago cantar a todos. Nos la pasamos haciendo canciones todo el tiempo, por todos lados. El grupo es divino, todos muy integrados. Además, hay actores muy buenos. Está el hallazgo de Paola Barrientos que es genial, una actriz muy importante, con la que ahora tengo una historia de amor (en la ficción!).
Mex se queda pensando y vuelve a pensar en la biología de los grupos. En esa sintaxis que integra sus elementos, los adjetivos, los sustantivos, los verbos, de tal modo que la oración funcione. Habla de ecosistema Mex, uno en el que cada cual tiene su rol y debe cumplirlo. “Es un poco lo que le da forma a las cosas, eso se nota. Y para eso tenés que fusionar, fusionar”, y gira las dos manos como encajándolas entre sí, pero sin que los dedos se toquen. “Fusionar, se entiende?”.
Podés seguir leyendo la entrevista a Mex Urizberea en nuestra edición impresa del mes de Julio. BLa #59.
Por: Amalia Sanz, Fotos: Nora Lezano